sábado, 20 de febrero de 2010

Con una Estrella en mi Cielo ♥


Hace menos de un mes, con la partida de mi yaya (así la llamaba, de cariño), me fui a santiago unos días y empece a leer el libro que se llama tal como este blog, es de Marcela Serrano. De lo que trata el libro no creo que sea de relevancia, pero esta frase me quedó grabada. Cuando mi yaya falleció pensé en que la vida que uno lleva, en la que trabajó, en la que puso su alma y destinó cada día a hacer un bien, con el último respiro y latido del corazón, se va. La persona deja todo aquí, en la tierra por decirlo de alguna forma. Los que la quisimos la extrañamos, la anhelamos y todo nos recuerda a ella. Me pregunto si ella sentirá todo esto. Me dejó intranquila saber que en algún momento todos pasaremos por ese trance y luego partiremos. Lo que ella me enseño cada día fue a luchar por lo que quiero y creo que es lo mejor, que de la pelea por ser feliz y compartir esa felicidad con los que quiero. Poder sentirla en mi corazón ha sido difícil, aún no quiero asumir que ella se fue y que no podré sentir sus manos ni su aroma. Su suspiro final fue el último "lo que está en mi corazón", y así terminó la historia de su vida, que debo decir con mucho orgullo fue la historia más linda que puedo recordar.
Leonilda Quintana Guerrero, ese es el nombre que recordaré como mujer ejemplar, trabajadora. esforzada, humilde, querendona. Mi yaya se hacía querer con su personalidad maternal y la picardía que tanto la caracterizaba. No había día en que ella no me sacaba una sonrisa, o que en mis desánimos no me daba un abrazo y me alentaba, que la vida era así y como sea hay que continuar. La tecnología para ella era lo mejor, la televisión y las series de CSI, sus favoritas. La lavadora el mejor descanso y alivio. La música, cualquiera sea, la tarareaba, y era feliz mientras cocinaba. Los logros de cada uno de la familia eran una alegría inmensa para ella y eran motivo de celebración. Trabajadora y solidaria, era dama de verde, voluntaria del hospital de Coquimbo, ayudando a cuidar a niños que allí debian pasar días mejorándose. Según supe por sus compañeras ella era una amiga, en la que se podía confiar y pedir consejo. Sin duda mi yaya fue un aporte para las personas que conoció. Así es mi manera de homenajear a mi yaya que para mí fue más que mi abuela, ella fue un ejemplo de mujer y también amiga. Y con su partida hoy es una estrellita en mi cielo.